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Cómo las pandemias modificaron la arquitectura y qué cambiará en nuestras ciudades después del covid

¿Sabías que los clósets, por ejemplo, empezaron a ser la norma a principios del siglo XX, cuando los armarios de antaño se empezaron a considerar antihigiénicos?


¿Por qué?


Porque en ellos se acumulaba, en lugares difíciles de limpiar, algo que desde mediados del siglo anterior había pasado de ser una molestia a un riesgo para la salud: el polvo. Pero mientras que la aversión al polvo tardó décadas en producir este resultado, las respuestas a otras amenazas no dieron tanta tregua.


El grandioso cambio del siglo XIX


Oleadas de epidemias que mataban altos porcentajes de las poblaciones conjugadas con teorías científicas, acertadas o erradas, moldearon nuestro mundo construido, y cambiaron fundamentalmente nuestra realidad.



Un ejemplo de ello fue un nauseabundo evento conocido como "El Gran Hedor" que sirvió de catalizador de un proyecto de construcción monumental que mejoró drásticamente la salud del público.


En el caluroso verano de 1858, las temperaturas de más de 30ºC hicieron que el distintivo aroma del río Támesis -durante siglos usado como vertedero de desechos humanos, animales e industriales- invadiera Londres y obligó a los miembros del flamante Parlamento a tomar finalmente medidas "para la purificación del Támesis y el drenaje de la metrópoli".


El propósito del acueducto era "la reducción misericordiosa de la epidemia" de la enfermedad más temida, el cólera, que afectaba a ricos y pobres y para la que no había cura.


Y lo cumplió: en 1866 la mayor parte de Londres se salvó de un brote de cólera que afectó solamente a quienes vivían en la única zona que faltaba por conectar a la red.


El bronce era una opción preferida pues se creía que tenía propiedades antimasmáticas

Los enemigos microscópicos


La teoría miasmática dominó el discurso sanitario durante siglos y tardó en ceder ante la nueva teoría de los gérmenes del contagio biológico, producto de los descubrimientos por Louis Pasteur y Robert Koch de los microorganismos como las causas de la enfermedad, que pusieron en evidencia la vida microbiana omnipresente.


Pero poco a poco el miasma se fue evaporando y cuando la bacteriología entró en juego y se logró la identificación de vectores específicos -como el mosquito-, la intervención empezó a ser más enfocada.


Con la malaria o la fiebre amarilla, por ejemplo, se trataba de drenar pantanos o evitar tener superficies en las que se pudiera acumular agua


La guerra contra las ratas


Como el polvo, las ratas pasaron a ser de una molestia -un animal siempre presente que se comían los alimentos y destruían cosas- a una aberración.


Las ratas solían ser consideradas libres de enfermedades. Pero cuando se descubrió su vínculo con la peste bubónica, se desató una guerra global contra ellas.


Para la década de 1920, ya había una aplicación muy sistemática de medidas a prueba de ratas, como el cambio de estructuras en casas privadas y edificios públicos, para evitar que pudieran entrar o anidar.


Los cimientos de las edificaciones tenían que ser de concreto, pues las ratas cavaban para entrar por debajo de ellos.



En tiempo presente


Así, estas y otras epidemias dispararon cambios a los que ya nos acostumbramos y nos llegan a parecer hasta obvios.


Pero no todo es pasado, y la arquitectura sigue buscando maneras de mejorar nuestra salud. Jakob Brandtberg Knudsen, quien es dueño de la firma de arquitectos Ingvarstsen, forma parte de un proyecto que involucra médicos, biólogos y arquitectos trabajando juntos para tratar de probar de una vez por todas cuál es el efecto de una buena casa.


"Empezó como una búsqueda de diseño de casas para prevenir la malaria, pero se extendió a otras enfermedades, incluyendo respiratorias".


En los próximos meses se lanzará el primer ensayo aleatorio en Tanzania, que le hará seguimiento durante 3 años a alrededor de 1.500 niños que vivirán en un nuevo estilo de vivienda.


La esperanza es demostrar que esos niños serán más sanos que los que viven en las casas existentes.


"Tenemos mucha evidencia de otros lugares que parece indicar que las casas son un factor realmente importante en la salud de los residentes, incluso si incluyes factores socioeconómicos.


¿Y el coronavirus?


Proyectos como este, que trata de lidiar con problemas de salud que persisten en ciertas regiones del mundo, o como los que enfrentan epidemias modernas, como los diseños urbanos para hacer ciudades en las que la gente se pueda mover a pie o en bicicleta -ejercitándose en vez de estar sentada dentro de un auto-, son muestra de que la arquitectura y la salud caminan juntas.


El siglo XXI ha visto hasta ahora Sars, Mers, Ébola, gripe aviar, gripe porcina y ahora covid-19. Si efectivamente hemos entrado en una era de pandemias, tendríamos que diseñar las ciudades del mañana de manera que el exterior no se convierta en una zona prohibida, sino que siga siendo un espacio seguro y habitable.


Con ello en mente, varias firmas de arquitectos han estado proyectando cambios que auguran desde el fin de los rascacielos hasta la introducción masiva de tecnologías que nos permitan ir por la vida sin entrar en contacto directo con nada de lo que nos rodea.

Sin embargo, el antropólogo médico Christos Lynteris no anticipa grandes cambios.

"Las enfermedades de transmisión aérea -en la historia, al menos- no han tenido mucho impacto en la arquitectura.


"Lo que puede cambiar debido al coronavirus es la construcción para el distanciamiento, de manera que espacios como las oficinas abiertas pueden pasar de moda, o teatros con lugares más espaciados, pero ¿qué más? Con enfermedades de transmisión aérea no hay mucho que puedas hacerle a las edificaciones o al diseño de las ciudades".

De repente, la cuarentena por el SARS-CoV-2 forzó una serie de funciones que solían pasar en otros espacios sobre nuestro espacio doméstico, a pesar de que no había sido diseñado para absorber todo eso.


or primera vez de manera bastante global estamos experimentando una nueva visión de nuestra esfera doméstica, que se ha tenido que volver nuestro gimnasio, la escuela de los niños, nuestro lugar de trabajo, nuestra área de reflexión y meditación, el espacio en el que tenemos que interactuar con los amigos.

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